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INESEM analiza la revolución de la IA: De 30 millones a 6.000 millones conectados

Belén Torres

Cada 17 de mayo se celebra el Día Mundial de Internet, una fecha impulsada para recordar el papel de Internet y de las tecnologías en el desarrollo social y económico, así como la necesidad de reducir la brecha digital. La efeméride adquiere este año una lectura especialmente relevante: la revolución que comenzó con la conexión global está dando paso a una segunda transformación, marcada por la inteligencia artificial.

En 1995, Internet todavía se percibía como un espacio incipiente, reservado en gran medida a centros de investigación, universidades y perfiles técnicos. Tres décadas después, la red se ha convertido en la infraestructura invisible de buena parte de la economía mundial. La Unión Internacional de Telecomunicaciones estima que alrededor de 6.000 millones de personas, el 74% de la población mundial, utilizaron Internet en 2025, aunque 2.200 millones siguen sin conexión.

De acceder a información a saber interpretarla

Internet cambió la forma de comunicarse, comprar, trabajar y aprender. Permitió que empresas, profesionales y ciudadanos accedieran a información, servicios y mercados sin depender de fronteras físicas. Sin embargo, la inteligencia artificial está modificando una capa más profunda: no solo facilita el acceso a contenidos, sino que permite analizarlos, sintetizarlos, convertirlos en borradores, detectar patrones y acelerar procesos de toma de decisiones.

La diferencia entre ambas revoluciones puede resumirse en una idea sencilla: Internet abrió la puerta al conocimiento; la inteligencia artificial está enseñando a procesarlo a una velocidad inédita. Según McKinsey, la IA generativa podría aportar entre 2,6 y 4,4 billones de dólares anuales de valor a la economía global en los casos de uso analizados, especialmente en áreas como atención al cliente, marketing, ventas, desarrollo de software e I+D.

Para INESEM Business School, este contexto obliga a replantear la relación entre formación, empresa y empleabilidad. La institución, especializada en formación online y vinculada a la innovación educativa, defiende que las competencias digitales ya no son un complemento, sino una base común para desenvolverse en un mercado laboral atravesado por la automatización, el análisis de datos y los nuevos modelos de productividad.

La brecha ya no es solo digital

Durante años, el gran reto fue conectarse. Hoy, el desafío es saber qué hacer con esa conexión. La brecha digital se transforma así en una brecha de criterio, competencias y adaptación. No basta con utilizar herramientas: es necesario entender su alcance, sus riesgos, sus límites y sus aplicaciones reales en cada sector profesional.

El Foro Económico Mundial advierte en su informe Future of Jobs Report 2025 que la disrupción laboral afectará al 22% de los empleos de aquí a 2030, con 170 millones de nuevos puestos creados y 92 millones desplazados. El mismo informe señala que casi el 40% de las habilidades requeridas en el trabajo cambiarán en los próximos años y que la brecha de competencias ya es una de las principales barreras para la transformación empresarial.

En este escenario, habilidades como el pensamiento crítico, la comunicación, la resiliencia, la colaboración o la capacidad de aprendizaje continuo conviven con competencias técnicas en inteligencia artificial, Big Data o ciberseguridad. La empleabilidad no dependerá únicamente de saber usar una herramienta, sino de saber integrarla con criterio en procesos reales de trabajo.

Una IA útil, responsable y humana

La expansión de la inteligencia artificial también sitúa en primer plano el debate ético y regulatorio. En Europa, el Reglamento de Inteligencia Artificial entró en vigor el 1 de agosto de 2024 con el objetivo de promover un desarrollo y despliegue responsable de la IA, estableciendo obligaciones según el nivel de riesgo de cada sistema.

Para INESEM, la respuesta educativa pasa por formar profesionales capaces de combinar dominio tecnológico y responsabilidad. La IA puede acelerar tareas, mejorar diagnósticos empresariales, optimizar procesos y personalizar experiencias de aprendizaje, pero su valor real dependerá de la preparación de las personas que la utilicen.

La revolución de Internet enseñó al mundo a conectarse. La revolución de la inteligencia artificial exige ahora aprender a interpretar, decidir y crear mejor. En el Día Mundial de Internet, la pregunta ya no es solo quién tiene acceso a la red, sino quién está preparado para convertir esa conexión en conocimiento útil, ético y aplicable.

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