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¿Nos acercamos a la sexta extinción masiva?

22/04/2022
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A lo largo de la historia evolutiva de nuestro planeta han acontecido un total de cinco extinciones masivas que han puesto en jaque a la biodiversidad. La que más a fuego se encuentra grabada en el imaginario colectivo es la que provocó la desaparición de los grandes saurios a finales de la era mesozoica, concretamente a finales del cretácico. Pero ¿Nos acercamos realmente a la sexta extinción masiva? En las siguientes líneas discutiremos la evidencia científica existente al respecto.

Hasta hace poco, la burbuja de comodidades en la que nos encontramos inmersos ha alejado de nuestra sociedad (sin contar a la comunidad científica) cualquier pensamiento relacionado con la destrucción del medio ambiente, viéndolo como algo etéreo y lejano.

Sin embargo, los acontecimientos de los últimos años, como la pandemia de COVID-19 y la palpable subida de la temperatura media a nivel global, ponen en evidencia entre otras cosas las consecuencias de nuestros abusos a la madre naturaleza. Los ecosistemas son muy sensibles a los cambios, y la desaparición de una sola especie puede tener consecuencias desastrosas en el equilibrio.

Todo es cuestión de equilibrio...

La extinción de una especie, aunque un evento triste, es algo inevitable e inherente a la vida. Hay que tener muy presente que las condiciones de nuestro planeta son cambiantes. Cuando los cambios se producen de forma brusca, puede suceder que a determinadas formas de vida no les queden ases bajo la manga, terminando irremediablemente avocadas al olvido más allá del registro fósil. A veces estos cambios son imposibles de predecir y de frenar, sin embargo, la acción del hombre está provocando alteraciones en la temperatura y en la biodisponibilidad de recursos a nivel global y a un ritmo frenético. La comunidad científica ya ha dado la voz de alarma en varias ocasiones, pero los gobiernos siguen sin adoptar medidas drásticas para frenar la catástrofe que se nos avecina.

Nuestra expansión por el planeta ha provocado la destrucción y disminución de diversos hábitats naturales. Todo esto sumado a la contaminación y a la sobreexplotación de los recursos se traduce en un declive de las poblaciones de seres vivos. Si las poblaciones disminuyen su tamaño, no es de extrañar que la diversidad genética dentro de las mismas sufra el mismo destino, dejándolos mucho más desprotegidos ante las variaciones ambientales.

Los números tras la sexta extinción masiva...

Si tenemos en cuenta que desde el pleistoceno, el ratio de extinción por causas naturales es aproximadamente de 0,5 especies por año, durante los últimos 500 años han desaparecido en torno a unas 250 especies por causas ajenas a la mano del hombre. Según una publicación de 2014 de la IUCN red list, 338 especies de vertebrados terrestres han sido declaradas extintas desde el año 1500 de nuestra era. Restando estas dos cifras, obtenemos un total de 88 especies que se han extinguido debido a la acción del ser humano (un ratio de 0,18 especies por año). Si estos datos no os alarman, os adelanto que los vertebrados terrestres representan menos del 5% la fauna total de nuestro planeta. El 90% de la fauna terrestre está constituida por insectos y se calcula que dentro del mismo periodo han desaparecido un total de 653 especies.

Ahora sí que podemos acercarnos de forma tangencial a la realidad. Sumando la cantidad de vertebrados, de insectos y de animales marinos extintos (unos 18), obtenemos un total de 1009 especies que han desaparecido en estos últimos 500 años. En definitiva, desde el año 1500 se han extinguido 1,5 especies por año. Aun así, este dato sigue estando increíblemente sesgado, ya que excluye a la flora y a los microorganismos entre otros grupos.

El ser humano y la sexta extinción masiva

Podríamos seguir plasmando datos sobre desaparición de especies hasta atragantarnos, y en esencia, llegaríamos a la misma conclusión: la pérdida de biodiversidad en la actualidad ha alcanzado un punto crítico.

Puede parecer que el problema de la pérdida de biodiversidad es ajeno al ser humano, pero nada más lejos de la realidad. En pleno apogeo de la era de la biotecnología, la desaparición de una especie supone además la pérdida de genes que podrían tener un potencial interés, sobre todo desde un punto de vista biomédico. Parece que estamos condenados a acabar con todo lo bello que nos rodea, arrojando además piedras sobre nuestro propio tejado. No estamos en la cúspide del árbol de la evolución, sino que somos una ridícula ramita del mismo, el planeta no nos necesita, pero nosotros sí que necesitamos al resto de seres vivos para continuar con nuestro legado.

Debemos de plantear un cambio de paradigma con urgencia. Somos mucho más vulnerables de lo que creemos como especie, y la sexta extinción masiva es totalmente real. Se nos olvida que por mucho que nos hayamos alejado del redil, seguimos formando parte del intrincado y frágil equilibrio de nuestro planeta. Si cae uno, caemos todos. 

En la actualidad, muchos proyectos se están centrando en reparar todos estos daños para traer de vuelta a especies ya desaparecidas mediante clonación. Si bien es una estrategia prometedora, genera muchas incógnitas sobre su viabilidad. Además, teniendo en cuenta el ritmo al que desaparecen las especies en nuestro planeta, lo más probable es que no suponga una solución efectiva a largo plazo 

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Categorizado en: Biosanitario

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