masculinidad frágil

Masculinidad frágil: lo que nos separa

08/06/2022
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El hombre… tan predecible, insensible y básico, ¿verdad? Más dominante y competitivo que las mujeres y, por supuesto, más fuerte. Así es como tradicionalmente asociamos a los hombres con este estereotipo. Pero… ¡dejemos de definirnos! Y es que, aquí es donde empieza la masculinidad frágil, de la que hoy vamos a hablar.

La masculinidad es un constructo social, una construcción en un tiempo y un espacio. Se basa en la tradición de asociar a los hombres con un estereotipo perfectamente definido. Lo cual, puede acabar en actitudes misóginas, homófobas o que promuevan la violencia. Incluyendo así, la agresión sexual y la violencia de género. 

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¿Qué es la masculinidad frágil?

Cuando hablamos de masculinidad frágil, nos referimos a esas actitudes que se construyen dentro de un paradigma machista y patriarcal que exige al varón ser fuerte, insensible, superior, independiente, esconder sus emociones y sus miedos… 

De esta manera, el varón tiene que hacer un gran esfuerzo para sostener este estereotipo exigido. Lo cual, muchas veces, pone al mismo frente a un callejón sin salida. El problema surge cuando, al sentir amenazada su masculinidad, ataca. Acción muy bien ponderada dentro de este estereotipo de macho.

“Lo que más desestabiliza al macho (macho entendido como el estereotipo machista del varón), es sentir amenazada su potencia y superioridad.”

Esta construcción social del modelo de masculinidad se desprende del machismo, es su manifestación: un modelo frágil y rígido al mismo tiempo. Y es que, lo rígido tiende a rajarse. Por ello, lo ideal sería que cada uno llevase su masculinidad libremente, sin límites. Necesitamos más flexibilidad para construir nuevas masculinidades.

Origen de los valores masculinos tradicionales

Esos valores masculinos tradicionalmente aceptados que decimos que conforman la masculinidad frágil, están presentes en nuestra sociedad desde hace miles de años. Cuando los primeros homo sapiens usaron la fuerza, por ejemplo, para ejercer dominio o tomar el control.

De hecho, los homo sapiens más exitosos eran los que podían luchar y cazar. Los más fuertes. Por lo que en esos tiempos, los rasgos más deseables en un hombre probablemente incluirían la agresión, la crueldad y la fuerza física. En relación a esto, quizá te interese leer este artículo sobre "¿Gobierno de los hombres o gobierno de las leyes?".

En definitiva, esta construcción social continuó durante siglos. Es más, el ejemplo está en que a lo largo de la historia, los gobernantes masculinos dominantes han ganado poder conquistando a otros.

Sin embargo, la sociedad contemporánea ha pasado por tal cambio de actitud y de pensamiento, que ya no celebra estas visiones arcaicas de la masculinidad. Aunque, por supuesto, sigue ocurriendo y lo pagan ciertos grupos y subculturas que siguen siendo víctimas de estas normas esperadas.

Es aquí cuando la masculinidad puede convertirse en frágil. En esta imperiosa necesidad de que los hombres sean de cierta manera, es decir como lo dicta una ideología que se ha vuelto obsoleta durante mucho tiempo.

Ejemplos de masculinidad frágil

Si ordenamos los atributos en una escala, en la que A son los atributos muy masculinos y B son los atributos menos masculinos, veríamos claramente lo que se acerca a una buena masculinidad (supuestamente). O lo que viene a ser lo mismo: ser un “hombre hecho y derecho”.

La masculinidad frágil hace referencia a esa idea en la que todos esos atributos que definen al hombre se ven totalmente cuestionados en el momento en que alguien no cumple con uno de ellos. Algo que ocurre constantemente, claro. De ahí, la afirmación sobre la fragilidad de la masculinidad.

“Lo frágil de la masculinidad reside, precisamente, en la necesidad de demostrar constantemente la potencia masculina.”

Todos estamos expuestos a la masculinidad frágil y tradicional, pues no se trata sólo de identificarla a través de la publicidad, sino de detectarla en nosotros mismos.

La masculinidad necesita ser explícita allá por donde va. Es esa necesidad constante de retar y demostrar autovalía, fortaleza, éxito económico, agresividad… Y mostrarse masculinamente duro, es lo que lo hace precisamente más vulnerable.

Estos son solo algunos ejemplos que hacen gala de lo frágil que es la masculinidad:

  • No llevar el bolso de una compañera o pareja.
  • Rechazar la cerveza “sin”.
  • Burlarse de un hombre que decide no comer carne.
  • Evitar el exceso de contacto físico con otros hombres.
  • Asumir el rol de conductor siempre en la familia.

Como podemos ver, la masculinidad frágil está más cerca en nuestro día a día de lo que nosotros creemos. Y es que, los ejemplos son infinitos. Por ello, muchos de nuestros esfuerzos se deben centrar en educar en la igualdad y en libertad, al igual que lo demuestran los puntos más importantes de la futura Ley de Libertad Sexual.

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Categorizado en: Educación y Sociedad

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